¿Estás empezando a ver qué clase de mundo estamos creando? Esto es exactamente lo contrario de las estúpidas utopías hedonistas que los antiguos reformadores imaginaban. Un mundo de miedo, de traición, de tormento. Un mundo de aplastadores y aplastados, un mundo que, a medida que se vuelve más refinado, se volverá más despiadado. El progreso en nuestro mundo será un progreso hacia más sufrimiento. La antigua civilización decía estar basada en el amor y la justicia. La nuestra se basa en el odio. En nuestro mundo, no habrá más emociones que el miedo, la rabia, el triunfo y la humillación destruiremos todo lo demás, todo.
"El ciudadano ejemplar es la obra maestra de la ingeniería social: dócil como oveja, feroz contra quien disiente, orgulloso de su esclavitud y convencido de que todo lo hace por el bien común. Una joya social diseñada para no pensar.
No hay nada como ser un ciudadano ejemplar: inmaculado, solidario, ecosostenible y con la conciencia peinada a raya.
Siempre impecable en sus convicciones, siempre dispuesto a obedecer con la elegancia de quien confunde disciplina con virtud. No se mete en líos: si hay que llevar mascarilla, se la pone sin rechistar; si hay que aplaudir, aplaude; si hay que callar, calla; y si hay que sudar, suda incluso con carácter retroactivo si se entera a destiempo.
Su fe en la "ciencia" y en los "expertos" no admite fisuras. Es su placebo intelectual.
Repite lo que oye en la tele con la solemnidad de un notario y nunca, jamás, osa preguntarse nada: preguntar es de negacionistas. Y el negacionista para él es el diablo con wifi: un pobre loco con gorro de papel de aluminio, terraplanista por defecto y enemigo público número uno.
Este ciudadano es la mascota perfecta del sistema: Ladra al que toca, mueve la cola a quien debe y se tumba al oír la orden".