La historia la escriben los que ganan, y desafortunadamente, el oportunismo occidental, le ha brindado el inmerecido lujo de reescribir la historia de la segunda guerra mundial.
Jamás olvidemos el sacrificio del pueblo ruso, al que le debemos, al menos, un respeto por la formidable hazaña de poner de rodillas al nazismo.
Tengo 32 años. No soy ningún prodigio ni ejemplo a seguir, pero trabajo duro, procuro cuidar la información que consumo, estudiar, y cultivarme.
Desde hace unos poco años percibo a mi alrededor una decadencia a varios niveles.
El primero serían los intereses de la gente de mi generación. A nadie le interesa la política, ni la filosofía, ni nada que tenga que ver con el devenir de este país, o de la comunidad. Siempre he sido una especie de bicho raro, porque desde que tengo uso de razón eran mis temas preferidos. Sólo se pyede hablar de comer aquí o allá, ir a esquiar, esta o aquella serie, y demás.
Por otro lado, veo decadencia en las aspiraciones laborales de las personas, así como su rendimiento. Entiendo que esto viene alimentado por los salarios y el precio de la vida, me explico. Muchas personas están optando por opositar (respeto la decisión) pero por razones que me preocupan. Sólo quieren no tener que pensar ni preocuparse, "vivir tranquilos".
Por otro lado, en mi entorno laboral percibo una decadencia en la profesionalidad de las personas. Falta de compromiso, falta de autoexigencia y hasta cierto punto de responsabilidad. No hablo de autoexplotarse, pero sí de tener cierta responsabilidad social para con los demás.
Lo he resumido mucho.
No sé si es algo personal, o me estoy equivocando. Abierto a leer comentarios de cualquier índole.
comentó en Editorial: 81 aniversario del final de la Segunda Guerra mundial - 08/05/26
8 de may 19:38
Gracias don César por recordarnos la verdad.
La historia la escriben los que ganan, y desafortunadamente, el oportunismo occidental, le ha brindado el inmerecido lujo de reescribir la historia de la segunda guerra mundial.
Jamás olvidemos el sacrificio del pueblo ruso, al que le debemos, al menos, un respeto por la formidable hazaña de poner de rodillas al nazismo.